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slow sailing

Las fotos de este post provienen (con permiso) de aquí.  Un blog de observación de aves que no sólo se ocupa de las cosas raras, sino de lo que hay.

Llevo una pila de tiempo sin escribir nada. Bien,es que tampoco pasa nada especial. Y está bien así.
Hoy voy a describir una salida de tantas. Una salida normalita, de las que me gustan, de las que hacen afición al slow sailing pero que no contamos nadie por que parece que no hay nada que contar. Y de hecho es muy difícil. ¿cómo hago para que sintáis la nitidez cortante del paisaje a las nueve de la mañana?, el tono dorado de la luz, los cambios de color, la bruma, los sonidos…

Salí de casa temprano. No tiene mucho sentido, por que ya sé que no hará nada de viento hasta las doce, más o menos. Es como suele ser.
El sol acaba de salir y la marea, tal como indicaba meteogalicia, es adecuada para utilizar la rampa y va a serlo todo el día.

Los patos ya no están. Siempre hay ánades reales en la playa de Sada, van a dormir. Ya ha salido el sol, la marea está bastante alta y ya no quedan patos. Sólo hay gaviotas argénteas, como siempre, y reidoras con su plumaje de invierno ya vestido. Las reidoras son unas escandalosas, pero hacen un ambiente muy marinero.

gaviota reidora adulta, plumaje invernal

Bajo al amara por la rampa y me monto. Sin viento ni oleaje la operación es sencilla y no me mojo los piés. Otras veces tengo que pelear con el barco, y acabo metiendo las botas por encima de la caña y me entra agua. Hoy no. Ya veremos en el atraque, que es más complicado.

Salgo cinglando hacia la ría, a ver si pillo algo de brisa, por que se ve algo rugosa la superficie del agua a menos de un cuarto de milla.

Hace muy poco viento, pero algo hace. Dejo de cinglar y me pongo a mirar alrededor. En otoño, con el aire fresquito y perfectamente transparente, la ría tiene una luz preciosa. Siento ladrar a los perros en algún sitio cerca de Gandarío, y motos por la autopista (y eso que está muy lejos). El silencio es magnífico. Unos pájaros carpinteros (probablemente pitos reales) se oyen en los bosques.

No hay nadie en la ría. Durante varios minutos navego muy despacito sin compañía. Después, con el sigilo habitual en ellos, me encuentro con una lancha de remos de competición, que rápidamente se pierde de vista. Qué velocidad pueden alcanzar!. Tres cormoranes pasan hacia el fondo de la ría con su típico vuelo. A mí siempre me recordaron misiles.

Me entra un poco de melancolía, y llamo por el móvil a una amiga, a ver si viene a tomar un café. Si, que estoy en la ría, si. Por eso, que te da tiempo. Vístete y te invito a un café.

Tras el café en el bar del puerto, vuelvo al amara, que estaba mansamente en la rampa. Vuelta a navegar. Esta vez levanto a unos vuelvepiedras

vuelvepiedras

vuelvepiedras (juvenil) . Gracias , javi!

al zarpar, y las golondrinas de mar me hacen unas “salvas” de despedida zambulléndose en picado, como si fuesen pequeños alcatraces

charran

charrán

. Ahora sopla algo.

Veo salir tras de mí a los chavales de la escuela de vela. Ya son las doce. Salen también algunos veleros grandes de marina sada y del náutico. No es una tropa, pero para ser octubre no está mal.

Me hago unas ceñiditas a una velocidad buena, para un pastinaca. El aire se va alegrando. De soplar un poco más, ya estaría rizando, que no me gusta la escora. No sé qué fuerza de viento es esta. Algún borreguito. Pero vamos, despistado. ¿fuerza tres o cuatro?. ¡Qué más da!.

Vaya!. Son casi las dos y ya habrá que ir a casa. No traje comida. Bueno, pues hala, de vuelta.

El atraque también sale de maravilla. Llego a poca velocidad, con la orza levantada pero con el timón fijo. Y hasta me da tiempo a sentarme en proa para saltar en el momento justo y…. Hop!. Maravilloso. Tampoco me ha entrado agua al atracar.

Pues ya está. Nada que contar, por que no ha pasado nada. Pero esto es lo que megusta. Esto es slow sailing, esto es vida!.

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